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Factores estructurales El modelo económico implementado en el Valle del Cauca antes de la década de los 80, favoreció el crecimiento de la agroindustria azucarera con su cadena productiva (caña, azúcar, bebidas, papel, entre otras) aprovechando los recursos naturales del departamento: tierra fértil, abundante agua, etc., y la mano de obra de los corteros de caña y de los trabajadores de las diferentes industrias. El café fue otra actividad estructurante del Valle, la cual cayó con la desaparición del convenio internacional del café, de la Organización Internacional del Café y la caída de los precios internacionales del mismo a finales de los años ochenta. Otras actividades industriales (alimentos, textiles, papel, cartón, cementos, farmacéutica, entre otras) también se articularon a las ventajas geoestratégicas de la región sobre todo por el acceso a los mercados nacionales e internacionales. La diversificación fue notable en la economía regional.
A la par con este modelo de desarrollo, vino la inversión estatal, fundamentalmente en infraestructura: la expansión del Puerto de Buenaventura –la conexión vial y férrea con el mismo puerto, el desarrollo de la plataforma urbana y de servicios públicos de Cali, la fundación de la Universidad del Valle con sus impactos sobre la educación superior de la región, la creación de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y sus impactos sobre el manejo de las aguas regionales, la construcción del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y de las hidroeléctricas Anchicayá, Salvajina, Calima. En este sentido, las decisiones políticas orientaron la inversión pública, o sea la plata de todos los ciudadanos, hacia la infraestructura fundamentalmente. En 1980 Colombia se suma a las condiciones económicas mundiales impulsadas desde los centros del poder financiero internacional, se adhiere al GATT (General Agreement of Tariffs and Trade) en 1981, y a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, asumiendo importantes y crecientes compromisos de desgravación arancelaria. En 1990 se adoptó una apertura comercial unilateral. Este proceso denominado “apertura económica” trajo como consecuencia un proceso sostenido de desindustrialización. La participación del sector industrial manufacturero en el producto interno bruto cayó continuamente, pasando de 30,6 en 1980 a 25.9 en 1990 y a 20.8 en el 2000. Según el DANE, de 1980 a 2000 el sector primario mantuvo una participación entre el 9% y el 10% en la generación del PIB del Valle; el sector secundario (industria manufacturera y construcción) disminuyó su participación; y aumentó la participación del sector terciario (comercio y servicios). En el campo también hubo crisis después de la apertura comercial de 1990. Muchos sectores agrícolas disminuyeron su producción o desaparecieron ante la ruinosa competencia con los productos agrícolas subsidiados por Estados Unidos, excepto la agroindustria azucarera protegida por el gobierno, que le mantiene un arancel del 20%. Este sector enfrenta una competencia internacional creciente en donde los precios tienden a caer, pero los Ingenios Azucareros mantienen su actividad por la cuota de importación a Estados Unidos, por la capacidad de fijar oligopolísticamente el precio interno (mayor al precio externo), y ahora con la posibilidad de diversificar con el alcohol carburante. La caída unilateral de los aranceles induce un cambio en la asignación de los recursos que favorece al sector servicios y a algunas actividades agroindustriales, y va en perjuicio de la industria manufacturera. Es decir, los sectores de poder definen que la economía vallecaucana es una economía de servicios: dos terceras partes del PIB vallecaucano son generadas por las actividades de servicios, en donde las actividades comerciales son las de mayor peso. Desde el año 2003 se construyeron centros comerciales y se multiplicaron las sedes de los almacenes de cadena. Estas decisiones han llevado a transformar las condiciones básicas de los Vallecaucanos de manera negativa, y ha favorecido el monocultivo y el aprovechamiento de las tierras fértiles y de los recursos naturales entre ellos el agua, en beneficio de unos pocos. “Actualmente el monocultivo de la caña de azúcar utiliza más del 85% del total del agua subterránea extraída, lo cual es la principal causa para que el nivel de bombeo se esté profundizando a razón de 6 a 8 metros cada diez años (Cenicaña, 1996, avances técnicos en la programación y manejo de riesgo en caña de Azúcar, serie técnica No. 19) . Hoy importamos lo que antes producíamos, de las importaciones se tiene que la mayor parte (57.3%) fueron bienes intermedios (insumos para la industria), el 22.7% fueron bienes de consumo que en su mayor proporción (80%) son no duraderos como los alimentos, mientras que el restante 20% fueron bienes de capital de los cuales el 61% fueron para la industria y el 31% equipo de transporte . El desempleo y el subempleo se incrementan. La situación laboral sufrió los mayores efectos negativos de la política de apertura económica neoliberal, pues muchas empresas para tratar de sostenerse desplazaron trabajo mediante la implementación de tecnologías y despidieron trabajadores ante la disminución de sus posibilidades de sostenerse en el mercado o por la quiebra y posterior cierre de las mismas. Los sectores de poder con el argumento de que los costos laborales son la cusa del deterioro en el empleo, diseñaron la política de reforma laboral, impusieron la flexibilización laboral, (Ley 50 de 1990 y Ley 789 de 2002) se reformó el régimen de salud y de pensiones (ley 100 del 1993 y sus reformas), la calidad del empleo cayó y se implementó el subempleo y el empleo informal. En últimas se decidieron políticas retrógradas que vulneraron conquistas de los trabajadores que habían alcanzado la categoría de Derechos Humanos. Según el censo DANE 2005 el 96% de los establecimientos con actividad económica ocupan entre 0 y 10 personas, siendo el sector comercio el que ocupa el 58.1%; el 3.2% entre 10 y 50 personas; el 0.6% entre 51 y 200 personas, siendo el sector servicios el que ocupa el 54%; y 0.1% más de 200. Del 100% de los establecimiento con actividad económica censados, el 55.7% se dedica a las actividades comerciales y el 31.1% a las actividades de servicios, 9.4 % industrial y 3.9% a otras actividades. Factores coyunturales Como factores coyunturales tenemos el narcotráfico, que a partir de la reforma comercial y financiera de los años noventa pudo repatriar sus ganancias generando un gran auge del gasto suntuario, se articuló a los poderes políticos, aumentó el contrabando e influyó para que se incrementara la demanda por servicios personales, por la compra de tierras, generando el encarecimiento de los precios de las propiedades y de la tierra, cuya utilización productiva disminuyó. Según FEDESARROLLO “el área total cultivada [del Valle] cayó cerca de 20% en la década de los noventa”. El gasto público aumentó en todos los niveles del gobierno: el gobierno central aumentó sus gastos con base en las expectativas de los hallazgos petroleros; los gobiernos departamentales y municipales también incrementaron los gastos de funcionamiento endeudándose y gastando más allá de su capacidad de pago. De ese proceso nos queda la crisis de las finanzas públicas territoriales, el Valle del Cauca ha reestructurado tres veces su deuda y suscribió el programa de saneamiento fiscal y financiero con la banca y el Ministerio de Hacienda. GARCES O’BYRNE Juan Manuel, (2001), El Valle del Futuro: Gérmenes de Esperanza. Centro Latinoamericano de Prospectiva y Estrategia. Ver PLAN DE DESARROLLO, 2004-2007 Vamos juntos por el Valle. |